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agosto 08, 2012

Heidegger y La Doña, un encuentro inesperado entre la filosofía y los inocuos poderes mentales.

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Con diccionario en mano, leía filosofía alemana. Los textos de Heidegger hablando sobre la «destrucción de la metafísica» parecían , por lo contrario de lo que se podría pensar, provocarle unos sueños visionarios, metafísicos. Veía tragedias y desamores, abandonos y traiciones. Veía la vida de los demás sumergidos en una desdicha, que afortunadamente nada tenían que ver con ella.
Al despertar, apartaba de ella todo pensamiento lógico absorbido de la filosofía, tal vez mareada por un profundo calor, tal vez por su soledad. Aun soñolienta toma el teléfono y comparte el conocimiento que se le ha dado en sueños.
Satisfecha, suspira. Mira por la ventana, llena de hastío; vuelve a tomar el telefono, pero no obtiene respuesta. Silencio.
Silencio.
La tarde la toma por sorpresa, debe correr, salir y hacer mil cosas, las niñas, el trabajo, la compra. pero ella no puede dejar de pensar solo en una cosa.
Mira el telefono. Mira su computadora y opta por dedicarle unos minutos antes de todo, solo unos minutos, se dice en voz baja. Porque habla tanto en voz baja?, a quien le habla?. sonrie. Me estaré volviendo loca? piensa.
Impaciente recorre los lugares donde esta ella, él, juntos. Sus días, sus espacios, parece una adicción, pero lo disfruta, como un buen vicio. Le toca en el centro del estomago, esa punzada que ya tiene casi un año, no la abandona, aveces llega hasta la cabeza, le da nauseas... 
Corre al baño, al pasar ve de reojo sus libros, El comportamiento humano, Kant, Harry Potter. Se mira al espejo,  sin quitar la mirada sobre sus ojos, recorre su cuerpo con una mano temblorosa, no encuentra lo que quiere. Silencio de nuevo.
Silencio.
Prende la televisión, para llenar el silencio y toma su cepillo. Con profunda calma desenreda su cabello y vuelve a recordar su sueño cerrando sus ojos, para verlo de nuevo, para empaparse de el : Una boda, él esperando, ella nunca llega. sonríe. 
Regresa a su computadora, los ve juntos en Acambay, donde carajos es eso? esta vez en voz alta, casi como un grito, en realidad es un grito que la sorprende. Cierra de golpe la computadora. Toma su bolso, su cámara fotográfica y sale a la calle.
Sí logrará decirle quien puedo ser, susurra. Puedo ser dulce, puedo ser fotógrafa, puedo ser... se calla.
La punzada de nuevo, se lleva la mano al estomago para tratar de acallarla. Es ella, es ella la que tiene la culpa, es ella que se cree mejor que yo, esta vez lo dice sin temor, lo dice fuerte, lo dice para oirse. El lo tiene que saber.
Con esa decisión lograr continuar, el espejo retrovisor muestra un rostro mas tranquilo, sabe lo que tiene que hacer.
Si él no sabe quien es la culpable, se lo diré yo, si es necesario construiré las pruebas, porque se que no es mentira. Se quien soy yo, se quien es ella
Finalmente mi dignidad es suplantable con el triunfo. Con esta frase aun en los labios baja del auto, corre al teléfono de la esquina y llama.
Le responde él, tartamudea, le explica que lo quiere ver, le explica quien es, que tiene algo importante que decirle, por la amistad, por los buenos tiempos.
El resto de la tarde lo vive como autómata, apenas le da tiempo de correr al salón, buscar algo atrevido que ponerse, pero no tanto, para no ser obvia.
Por fin llega la hora de la cita, las 6 de la tarde, las 6:10 y él no ha llegado. Parecen los minutos más largos, en esta esquina, rodeada de gente, es extraño tanto silencio, piensa.
Parecen golpes lo que sucede después, en un parpadeo están sentados, en otro ella habla sin parar sobre la maldad y profunda amenaza que ella es, después él dice irse, un intento de beso que el rechaza y de nuevo sola, en silencio.
La punzada regresa, se recarga en el asiento de su auto y cierra los ojos, los vuelve a ver, todas esas fotos, le vienen de una sola vez, sin orden, sin tiempo. La voz de ella riendose, el diciendo adiós, ella suplicando...esta vez busca silencio, quiere que regrese el silencio, es demasiado ruido en su cabeza, sale del auto, camina alrededor de el, desesperada, no sabe que más hacer, incluso se humillo, se ofreció y nada, la punzada se extiende, le recorre todo el cuerpo, la cabeza esta llena de voces y miedo y frustración y ruido, ruido.
Logra tranquilizarse, piensa en un nuevo plan, irá a su casa, investigará donde esta Acambay, e irá. Seguro que si él me ve ahí, todo volverá a ser como antes, piensa.








una version paralela con Audrey Tautou











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